La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) presentó los resultados de la gestión agrícola 2025, que confirman un punto de inflexión para el sector tras la recuperación productiva en todos los cultivos. La producción total de granos alcanzó 5,65 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 91% respecto a 2024, considerado el peor año en las últimas tres décadas. Este desempeño generó un movimiento económico estimado en 3.000 millones de dólares.
Según el presidente de Anapo, Abraham Nogales, la recuperación se reflejó con fuerza en los principales cultivos. La soya, eje del complejo oleaginoso, incrementó su producción en un 63%, pasando de 2,02 millones a 3,29 millones de toneladas, reafirmando su peso en la economía agrícola.
El sorgo fue el cultivo con mayor crecimiento relativo, con un salto del 216% y una producción de 1,5 millones de toneladas. En tanto, el maíz aumentó un 73%, alcanzando 543.619 toneladas.
Entre los cultivos emergentes, la chía registró un crecimiento extraordinario del 1.300%, al pasar de poco más de 1.000 a 15.117 toneladas, evidenciando su creciente importancia productiva y comercial. De igual manera, el girasol elevó su producción en un 85%, hasta 189.590 toneladas.
Por su parte, el trigo -cultivo estratégico para la seguridad alimentaria del país- incrementó su producción en un 142%, alcanzando 92.010 toneladas, un resultado que fortalece las perspectivas de mayor autosuficiencia y estabilidad en el abastecimiento interno.
Nogales señaló que, pese al buen desempeño productivo, las exportaciones hasta octubre sumaron 930 millones de dólares, un 9% menos que en el mismo periodo de 2024. Explicó que esta caída responde principalmente a las restricciones a la exportación de grano de soya y a un contexto internacional de precios menos favorable. En ese periodo, las exportaciones de soya en grano se redujeron en 150 mil toneladas, lo que implicó una merma de 60 millones de dólares en ingresos.
Condiciones y reglas claras para producir
Si bien los resultados son positivos, Nogales advierte que Bolivia podría avanzar aún más si se consolida un modelo de mercado libre, con plena liberación de las exportaciones, reglas claras y mecanismos transparentes que incentiven la inversión productiva.
A su juicio, el principal desafío para consolidar la producción de granos estratégicos es construir un entorno regulatorio previsible y basado en acuerdos entre actores privados. En ese marco, enfatiza que la libre exportación debe convertirse en la regla y no en la excepción, no solo para la soya y sus derivados, sino para todos los productos agropecuarios.
“Los productores enfrentamos riesgos climáticos, financieros y de mercado. No podemos sumar a esas amenazas restricciones que frenan las inversiones y restan competitividad. Bolivia necesita precios alineados a las referencias internacionales y un sistema donde la oferta y la demanda definan las condiciones de comercialización”, sostuvo Nogales.